“La Hospitalidad transforma vidas”, entrevista a Miguel Navarro

El Área de Hospitalidad del Servicio Jesuita a Migrantes se configura como un espacio de encuentro, acogida y acompañamiento mutuo, donde personas técnicas, voluntarias y familias migrantes construyen relaciones humanizadoras desde la cercanía, la escucha y el compartir cotidiano.

Más allá de la asistencia, este espacio busca favorecer vínculos capaces de transformar la mirada sobre la realidad, promoviendo una integración basada en el reconocimiento de la dignidad, la diversidad y la experiencia compartida.

En este contexto, la experiencia de Miguel Navarro, hermano jesuita, voluntario del área de hospitalidad en el SJM Valencia, ofrece un testimonio profundamente significativo sobre el valor del encuentro humano como motor de transformación social y personal.

¿Qué te llevó a iniciarte como voluntario aquí en el SJM?

Conocía anteriormente la labor del SJM y sus fines me atraen; me siento muy identificado con su trabajo de cercanía y apoyo a los más necesitados; es por ello que decidí dedicar parte de mi tiempo a los demás como voluntario, me gustaría cambiar la sociedad.

¿Ese es tu propósito como voluntario?

Así es. Sé que cambiar la sociedad es muy complicado, pero me gustaría al menos mejorar el bienestar de las personas que acompañamos en el SJM.

¿Cómo crees que estás cambiando?

Yo trabajo en la Escuelas San José y me muevo en un ambiente donde me conoce mucha gente: padres y niños del colegio. Cuando me han visto con estas familias, me han preguntado: «¿Quiénes son esas madres? ¿Quiénes son esos niños?». Y yo he podido hablar de esas familias y del SJM. Veo que me escuchan con atención y sorpresa. Creo que esa es una manera de transformar: dar a conocer lo que están viviendo, los procesos de las familias y el trabajo del SJM.

Como voluntario en el área de Hospitalidad ¿En qué consiste tu labor allí?

Específicamente, participo en las actividades que organiza el área de hospitalidad con las familias de acogida y que son muy variadas. Pueden ser una salida al campo, una excursión por la ciudad, una merienda, una comida en las casas donde viven las familias, o encontrarnos en los espacios del Centro Arrupe y conversar.

Desde el punto de vista del aprendizaje, ¿qué sientes tú que puedes haber aprendido en ese espacio de hospitalidad? ¿Qué has aprendido en ese intercambio?

Efectivamente estas familias están en una condición de vulnerabilidad, pero detrás de esa vulnerabilidad hay una resistencia que a mí me asombra. Es decir, la capacidad que tienen de superar las dificultades en la vida y no desanimarse por todo lo que han conseguido; a mí me deja deslumbrado y me gustaría ser como ellos. Eso es lo que he aprendido.

Y en ese compartir, ¿cómo ha cambiado tu modo de ver la vida?

Sobre todo, he visto que detrás de la «sociedad normalizada» a la que yo pertenezco, existe una realidad paralela en la que viven personas que sufren. Entonces me doy cuenta de que vivo en una burbuja, porque la realidad normalizada quizás no sea la única realidad. Por ello me gustaría participar, aunque sea como voluntario, de esa otra realidad que no se ve tanto.

Específicamente, ¿qué es lo que más te ha llamado la atención de ese compartir con esas personas?

Lo que más me ha llamado la atención, es la resistencia y la resiliencia que tienen estas familias. Pero también la capacidad de acogida que tienen. Son personas que vienen de lugares donde la acogida es algo habitual entre ellos y lo transmiten; eso también es un gran aprendizaje para los que vivimos aquí.

Si pudieras resumir esta experiencia en una frase que simbolice este momento de tu vida, ¿cuál sería?

Podrían ser varias, pero en concreto me quedo con que: «Es necesario encontrarse para que se produzca la integración de todos con todos». No de unos con otros, sino de todos con todos. Creo que describe mi trabajo, lo que yo quiero ser y también al SJM.

¿Te gustaría continuar como voluntario por un gran tiempo?

 Sí, no tengo que hacer grandes esfuerzos. A veces puede haber momentos de pereza, pero me siento muy acogido y creo que estoy vocacionado para este trabajo; forma parte de mí.

¿Qué crees que podrías seguir aprendiendo de esta experiencia?

Siempre se aprende mucho, lo que hay que estar es abierto a la sorpresa. Las familias, las situaciones que viven y la cultura que traen son una sorpresa para mí y cada día estoy aprendiendo cosas nuevas.

Y a las personas que quisieran ser voluntarias, ¿qué les dirías?

En primer lugar, que no tengan miedo. Que se acerquen, que prueben, que se dejen afectar por la situación de estas familias y que descubran algo nuevo que no van a vivir en su «vida normalizada». Puede ser una gran aventura y un crecimiento personal muy fuerte para ellos.

 A través de esta entrevista, Miguel comparte cómo el contacto cercano con las familias migrantes le ha permitido descubrir realidades invisibilizadas, aprender de la resiliencia y capacidad de acogida de quienes acompaña, y reafirmar su compromiso con la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.

Su relato pone en evidencia que la Hospitalidad no solo transforma la vida de quienes llegan, sino también la de quienes deciden abrirse al encuentro.

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